“ICV-50 Ciudades-Santa Fe. Hacia un desarrollo urbano armónico de las ciudades de la Provincia”, es un informe elaborado por Néstor Javier Gómez, Profesor Titular de las cátedras “Geografía Urbana” y “Sistemas de Información Geográfica II”, y Director del Proyecto de Investigación CAI+D (UNL) “Calidad de vida y dinámica demográfica en diferentes contextos territoriales de la provincia de Santa Fe a comienzos del siglo XXI”, en el Departamento de Geografía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL. Es, además, Investigador Independiente del CONICET.

En 2022, a partir de los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (INDEC) y de las estadísticas vitales del Ministerio de Salud de la Nación, es posible trazar una radiografía bastante precisa de cómo se vive en promedio en las 50 ciudades más grandes de la provincia de Santa Fe. Lejos de ser homogéneo, el territorio provincial muestra un entramado de desigualdades persistentes, donde conviven ciudades con adecuados niveles de bienestar junto a otras que todavía arrastran déficits estructurales.

El ICV-50 Ciudades-Santa Fe nace como una herramienta estratégica para decodificar la complejidad del bienestar en el sistema urbano provincial. A través de un análisis multidimensional que integra las esferas de salud, educación, servicios y vivienda, este índice propone una lectura dinámica espacio-temporal de las urbes santafesinas. Su objetivo no es solo cuantificar, sino visibilizar las brechas estructurales y las asimetrías existentes entre las cincuenta principales ciudades de la provincia, aportando evidencia científica esencial para proyectar un desarrollo regional más armónico, equilibrado y socialmente justo.

Definir la calidad de vida implica abordar un concepto multidimensional y complejo. En el proceso de operativizar esta noción para el ICV-50 Ciudades -Santa Fe, la selección de variables responde a equilibrar la exhaustividad conceptual con la disponibilidad de datos. Bajo esta premisa, la arquitectura del índice se apoya en indicadores que posibilitan una doble comparabilidad: la horizontal, para cubrir de forma homogénea todas las unidades de análisis actuales, y la longitudinal, permitiendo un seguimiento histórico que abarca más de tres décadas de transformaciones territoriales. En este sentido, el índice de calidad de vida construido combina aspectos de cuatro dimensiones centrales —salud, educación, vivienda y servicios— y permite sintetizar, en una única medida, aspectos clave de las condiciones de vida de la población. Más que un ranking rígido, el índice funciona como una herramienta para observar patrones territoriales a través del tiempo, identificar brechas y entender cómo se organiza el bienestar en el espacio, en esta oportunidad, poniendo el foco en las 50 ciudades más pobladas.

Estas 50 ciudades albergan a 2.836.610 santafesinos, es decir el 80,01% del total, lo cual muestra el impacto del estudio en el territorio provincial.

Lo primero que aparece con claridad es que el índice de calidad de vida en estas 50 ciudades de la provincia de Santa Fe presenta una geografía bien definida y diferenciada. Los mayores índices se registran primordialmente en ciudades del centro y sur provincial, siendo Rosario la única urbe de gran magnitud que logra posicionarse en la categoría ‘más favorable’.

El resto de las ciudades grandes de la provincia se ubican, en una situación ‘favorable’. En el mapa, para facilitar la lectura del ICV, las 50 ciudades se presentan bajo un gradiente de cuatro colores —desde el verde (más favorable) y amarillo (favorable), hasta el naranja (desfavorable) y rojo (más desfavorable)—,  diseñada para ofrecer una mirada relativa y comparativa de sus realidades, ponderando además el peso de cada urbe mediante una representación proporcional a su magnitud poblacional.

En este esquema, se denota una marcada disparidad interregional: las ciudades del oeste tienden a mejores desempeños que las del este. En el sector occidental sobresale Rafaela, junto con una serie de localidades de menor magnitud que, no obstante, funcionan como nodos de organización regional con una situación promedio ‘más favorable’ de acuerdo a lo analizado.

En contraste, las ciudades ubicadas hacia el sector oriental expresan, en promedio, menores niveles de calidad de vida. En estos territorios, el bienestar aparece como una construcción más rezagada, donde las carencias suelen manifestarse de forma acumulativa: un promedio de instrucción más bajo en comparación con otros municipios, mayor déficit en el acceso a redes de servicios urbanos y condiciones habitacionales y sanitarias más precarias.