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HÉCTOR FACINO

(Parma, Italia 1829 – Santa Fe, Argentina 1890)

Figura del arte que inicia sus estudios de abogacía y adquiere cultura general según la corriente liberal de la época en su ciudad natal. En 1848 decide abandonar los estudios para unirse a las tropas de Garibaldi y hacia 1868 se radica en Santa Fe donde vive hasta su muerte.

Antonio Colón en su ensayo Contribución al estudio de la plástica santafesina (Santa Fe, Castellvi, 1959: 16) sostiene que quizás “haya sido el primer pintor afincado en la capital de Santa Fe”. Ocupará también cargos de importancia en la administración provincial, siendo designado prosecretario en una de las Secretarías de la Legislatura, y Presidente de la misma junto a Mariano Cabal.

Es el primer pintor extranjero en instalarse en la ciudad y considerado el primer profesor público de dibujo, pintura y caligrafía. Ejerce su profesión en la Academia de Dibujo y Pintura del Colegio de los Jesuitas y en casas particulares. Será maestro y encauzará las vocaciones artísticas de tres jóvenes santafesinas: Ana Galán de Coll, Rosario Pujato Crespo, y de quien es considerada la primera y más singular pintora local: Sor Josefa Díaz y Clucellas.

“Comenzó en Italia estudios de abogacía, que debió interrumpir al llevarle su espíritu liberal y aventurero a enrolarse, en 1848, en las filas del General Garibaldi. Se casó con Enriqueta Bellini, de Piacenza, y en 1868 ambos se radicaron en Argentina. Tuvieron doce hijos (…). Hombre culto y de finos modales, dicen los que le conocieron que revelaba en su estampa y en su rostro señoriales que poseía una cuna y que vivía una vida interior. Llegó a ser prosecretario de la Asamblea de Representantes de la Provincia de Santa Fe, y se vinculó con las familias patricias del medio que le dispensaron, como lo merecía, toda clase de consideraciones.” (Caillet Bois, «100 años de pintura santafesina», Dirección General de Bellas Artes de la Provincia y Museo “Rosa Galisteo de Rodríguez”, 1945:9).

Con el correr de los años su apellido original (Fassino) se transforma en Facino. Según la tradición familiar, Facino tuvo su atelier durante muchos años en la histórica Casa de los Aldao. Al parecer el mismo se encontraba en el primer piso de una antigua casona, conocida como la casa de la Virreyna, en la actual calle Buenos Aires entre 9 de Julio y Primero de Mayo. Allí ejecutaba retratos y encargos de temas religiosos. Es difícil vincularlo a una sola escuela. Neoclásico y, a veces, romántico indaga en la práctica del retrato y en la pintura religiosa.

Sus obras más destacadas son el cuadro de gran tamaño (registrado por la Dirección del Museo Provincial de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez” en su guía 1922-1947) que representa el Brigadier Estanislao López sentado bajo un ombú. Y un retrato de Simón Bolívar. El retrato del Brigadier López, óleo (2,33m x 1,84m) de características románticas, se ambienta en un fondo de paisaje en el que el ombú destaca como símbolo de identidad de la llanura santafesina y en la que el vigía se vuelve hacia el horizonte identificando la grandeza de estas tierras.

Catalina Pistone en «Las artes plásticas en Santa Fe. Estudio histórico» (Separata de la Rev. 51 de la Junta Pcial de Estudios Históricos de Santa Fe: 36) destaca un pequeño boceto de la misma obra del López sedente, que poseería mayor perfección y que considera una “verdadera joya artística este “escorzo” que dice mucho a los ojos del crítico severo”.

En la Iglesia Matriz se destacan también dos obras: San Pedro y Del Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En la Iglesia Ntra Sra del Carmen, a los costados del atrio, se conservan otros dos cuadros de gran tamaño pero de menor importancia en cuanto a técnica (según Colón: 18) sin por ello desmerecer su importancia: Escenas del Purgatorio y Naufragio. Para apreciar este último trabajo es necesario primero recordar que la basílica del Carmen de la ciudad de Santa Fe (declarada basílica por el papa Juan Pablo II), se levanta en honor a Nuestra Señora del Monte Carmelo en el año 1887, referida comúnmente como Virgen del Carmen una de las diversas advocaciones de la Virgen María y venerada en toda América. La ubicación de la basílica, en aquel momento muy cerca de la costa, se debió a que justamente la Virgen del Carmen era la protectora de los navegantes.